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lunes, 13 de febrero de 2023

APRENDIENDO DESDE LA PRÁCTICA, EL ERROR Y EL MOVIMIENTO

«Aprender no solo es percibir y alcanzar el significado de lo percibido y su memorización, sino fundamentalmente asociar percepciones o ideas y encontrar en ellas nuevos significados. Aprender no es como un “rayo”, una sacudida que de pronto con su luz ilumina el significado de lo aprendido. Aprender es un laborioso proceso que necesita de un tempo pausado, necesario, compuesto de multitud de ingredientes cognitivos, entre ellos la emoción, que permiten realizar esa tarea y alcanzar el significado de lo que se intenta aprender. Pero aun tras haber alcanzado esto, todavía se requiere de un largo proceso de clarificación y limpieza de errores. Esta clarificación exige de la repetición constante de lo aparentemente aprendido, rectificando con ello los equívocos y errores que se cometen. Por eso aprender, aprender bien, requiere potenciar en los niños, y no solo permitir, que se equivoquen solos. El error, el equívoco, debe considerarse parte o ingrediente fundamental del propio proceso de aprendizaje, pues sin errores y su rectificación constante no hay verdadero aprendizaje. Es más, sin error y su rectificación no hay creatividad, que es el máximo de lo que nos permite aprender algo nuevo.» Francisco Mora.

Desde esta perspectiva que nos plantea la neuroeducación se basan numerosas actividades desde las que el alumnado debe abrir su mente a un elemento tan importante en el proceso de enseñanza aprendizaje como es el error. Para ello se realizan planteamientos donde alumno/a es autónomo en la realización de las actividades y mediante un proceso de evaluación entre iguales consigue desarrollar su aprendizaje. Un ejemplo fue el trabajo de geometría, a través de la creación de figuras geométricas con personas.

Por otro lado, la modificación del espacio de trabajo habitual genera en ellos una disonancia cognitiva (ruptura de la rutina y monotonía) que provoca en el cerebro una mayor plasticidad y por lo tanto una mejor predisposición del mismo hacía el aprendizaje. Los dictados de relevos o la creación de obras artísticas son un claro ejemplo. 

Finalizando, las rutinas de pensamiento nos ayudarán a fortalecer esa plasticidad cerebral que generará un cambio en nuestro funcionamiento cerebral y por ende, en nuestras conexiones. Un ejemplo, es la técnica "Idea, Palabra y Frase" con la que trabajamos el día de la Mujer en la Ciencia (11 de febrero).









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